Los lapiceros no se gastan (¡se suicidan!)

Este es el titulo de uno de los cuentos que he escrito y que me hace querer hablar sobre la motivación y la forma que cada autor tiene para escribir y para mostrar temas muy grandes o pequeños de una manera sobria o lúdica, a continuación los dejo con el cuento.

Los fantasmas se sentaban con sus cuerdas invisibles para ver, la vil escena, donde un pobre lapicero acribillaba un trozo de papel indefenso, una y otra vez hasta matarlo. Esperando el momento adecuado para forjar su propio espectáculo.

El papel expiró y el lapicero quedo en calma. Su cuerpo largo asumió una postura dócil, después del homicidio y obligado por la conciencia, se había abandonado mansamente a cualquier castigo divino, ocasión que no dejaron pasar los fantasmas para lazar a su victima, apoderarse de él y convertirlo en un títere de rayar sin medida.

Su cuerpo fue pasado por todas las manos, de niños, empresarios y universitarios, sin ningún respeto, sin ningún cuidado. Lanzado y obligado a cometer más delitos con papeles de todos los estados.

Anoréxico, largo y sin rostro no lo soportó más, la culpa y el agobio lo estaban matando, y el sabía como deshacerse de aquello.

Escapando de su último dueño, un universitario, que lo olvidó en el baño, se suicidó, ahogándose en su propia tinta, bebiéndose hasta la última gota, en medio de conmovedores aplausos de su público fantasmagórico que se esfumaba sin más, retirando sus cuerdas para atarlas a otro lapicero malo que estuviera atormentando a un papel indefenso.

En el próximo articulo ahondaré más sobre los detalles del arte de escribir y una pequeña anécdota con Sara Joffre quien nos dictó un pequeño taller de dramaturgia, que también es uno de los puntos importantes en la literatura. ¡Hasta la vista!

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