¡Yo no escucho esa música!

Aun espero que alguien me explique porque un género musical puede resultar mejor que otro, con fundamentos tan razonables que pueda creer y entender. Lo que comprendo es que en este tema no solo afrontamos una cuestión de gustos sino también un intrincado mundo subjetivo de ideas y prejuicios.



Por un lado están los unos que no escuchan determinada música porque es aburrida, pero si aquella porque es alegre; y por otro, los aquellos que defienden tal o cual estilo por ser música para pensar y que cuestionan a otro por ser géneros musicales para las masas.

De alguna u otra manera todos hemos sido testigos de la discriminación de algunos géneros musicales, sobre todo en la llamada música folclórica.

Una amiga que está a punto de terminar la carrera de derecho me comentó en una charla cualquiera, que ella no escuchaba música folclórica ni iba a sus conciertos porque en esos lugares va gente que a su parecer es de mal vivir. ¡Que gracioso! Yo creo que la gente de mal vivir puede estar en cualquier lado y no solo en un concierto de este género musical.

Por ejemplo es sabido que en los conciertos de metal, de rock y otros circula solapadamente algún tipo de droga, al igual que en los conciertos de chicha, de cumbia o de salsa circula la cerveza y otros tipos de tragos. No podemos dejar de ver que aunque la música sea un arte también es negocio.

Creo que el problema radica más en el desconocimiento cultural que en el paladar musical. Quedo totalmente desencantada de saber que a veces nos sentimos ofendidos con las melodías características de nuestra tierra; de que en las fiestas se ponga huaynos para correr a la gente y de que la música criolla sea sinónimo de hora de almuerzo.

Como en la nota anterior de “Porqué nos gusta tanto la música” explicaba, siempre depende de las circunstancias, del estado de ánimo y de nuestro contexto cultural, lo que queramos oír, sin embargo creo firmemente que deberíamos ser capaces de atrevernos a ir un poco más allá y probar, de a pocos, nuevas melodías.

La música nos refleja, refleja el pensar y el sentir, no solo del autor, sino muchas veces también de todo un pueblo. Como en los géneros característicos de cada zona de nuestra serranía, que por cierto tienen mucha picardía y a veces mucha nostalgia en sus letras.

Tampoco apuesto porque nos guste toda la música porque seria ingenuo pensar que eso pueda pasar, por lo que me gustaría apostar es porque entendamos que cada manifestación artística es una radiografía de lo que pasa en nosotros o en nuestro pueblo y que debemos tomar en cuenta para hacer una análisis de el verdadero contexto social en el que vivimos.

Una clara muestra de esto ha salido a la luz con la triste noticia de la muerte de Alicia Delgado que ha puesto de manifiesto las cifras que encierra el mundo vernacular y su música.

Sigo esperando una respuesta clara, sigo sin entender que en un país de tantos matices aún podamos darnos el lujo de decir “yo no escucho esa música” con el afán de sentirnos un poquito mejor que el que sí la escucha.

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